¿Qué onda con los transgénicos?

Written by Edumanía Podcast on . Posted in Educación para el consumo

Benja

Edgar Benjamín Rodríguez Espinosa

En los últimos años hemos escuchado hablar acerca de los alimentos transgénicos, los cuales han sufrido una satanización como pocos productos (aún más que el temido refresco de cola). Este fenómeno se debe principalmente a dos factores: ignorancia y fanatismo. Actualmente estos productos son los estandartes de batalla favoritos de los “grupos ecologistas”, los cuales han sabido capitalizar muy bien el desconocimiento que existe a su alrededor.

Pero, ¿Qué son? Los alimentos transgénicos pertenecen al gran grupo denominado OGM (organismos genéticamente modificados), estos no son más que las versiones mejoradas de plantas o animales ya conocidos. Básicamente se trata de organismos a los que se les han añadido información genética procedente de otro organismo también conocido por medio de técnicas de ingeniería genética.trangenico

La mejora de los cultivos o razas de animales de consumo no es nueva, existe desde que el hombre dejo de ser nómada. En un principio la mejora se realizaba por selección artificial y uno de los ejemplos más claros de esto es el maíz que consumimos actualmente, si este no hubiese sido seleccionado a partir de plantas que daban tres o cuatro granos y cruzado con otras especies no conoceríamos las mazorcas tal y como son hoy en día.

Actualmente grupos como Greenpeace se oponen al cultivo de estos vegetales, esgrimiendo argumentos sustentados en la ignorancia y miedo del ciudadano común, ya que desgraciadamente el 90% de la población mundial no posee la educación e información suficiente para formar un criterio propio libre de argumentos tendenciosos.  En teoría una persona con bachillerato debería ser capaz de entenderlo sin problemas.

Con esto en mente quiero conminar al lector a informarse a fondo en este tema, para que forme una opinión propia y con fundamentos antes de oponerse al uso de OGM, ya que la mayoría de ellos han sido ideados para terminar con hambrunas como las de África, reducir costos de producción que se ven reflejados en el precio al consumidor, ya que si la producción agrícola se rigiera por los ciclos naturales el desabasto y encarecimiento serían la constante.

Edgar Benjamín Rodríguez Espinosa es Químico Bacteriólogo Parasitólogo

De palomitas y palomotas

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Lore

Ir al cine y no comer palomitas, al menos para quien escribe es un placer culposo, y como tal merece atención. Decía una compañía de productos fotográficos en un antiguo slogan publicitario: “recordar es vivir” y sí, recuerdo cuando comer palomitas estaba lejos de ser un asunto de “combo amigos”, “paquete familiar” o “palomitas para llevar” acompañados de 2 o 3 refrescos de medio litro o litro, y un chocolatito para pasar placenteramente de salado a lo dulce.

Palomitas

Antes de que Cinemark (1995) llegara a México comer palomitas en el cine era un asunto de bolsita sin mantequilla, chile o caramelo y tal vez un refresco de lata o una copa de helado, según el presupuesto. Golosinas y bebidas que no se tocaban hasta que empezará la función. Hoy día, eso no importa porque existe el concepto de refill/rellenado y se puede consumir de una a dos o tres veces el contenido del bowl/recipiente de palomitas, y por supuesto en el contenedor no viene una etiqueta con información nutrimental sobre lo que nos estamos comiendo, y creo deberíamos exigir.
Hablar de la cantidad de calorías, grasas saturadas y demás adversidades dietéticas que significa el asunto del consumo de golosinas en el cine, debería suponer un estudio serio en un país como el nuestro que enfrenta problemas de obesidad, diabetes e hipertensión, y una vez hecho este, divulgar la información y que cada quien tome la decisiones pertinentes, incluso, me atrevería decir que es un Derecho de las Audiencias.
Es cierto, las palomitas son adictivas, pero tenemos que tener cuidado en su consumo. Comparar un combo, no de amigos, sino de “amiguitos” y sustituir el refresco por agua. Sé que la combinación no se antoja, pero nuestro cuerpo y en especial nuestro corazón si pudiera: un besito nos daría.

Lorena González Boscó es comunicóloga.

El Día del Padre

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Sergio

Es el amanecer de un día más. Los despertadores, celulares y radios suenan en todos los rincones de la capital, poco a poco la ciudad entera va despertando a esta nueva realidad, una ducha caliente, gel para el cabello, una taza de café y algo rápido que desayunar, ropa cómoda, dinero, llaves y tal vez un pequeño regalo envuelto en una bolsa de plástico, hoy es domingo, pero no es un día cualquiera, es el día en que una larga espera concluye y la esperanza vibra en el aire.

Muchos hombres salen a las calles desde temprana hora con sólo una idea en mente: poder estar unas horas al lado de sus hijos; son aquellos que han atravesado por un proceso judicial algunas veces largo y tortuoso y otras rápido y contundente, mismo que ha concluido con la sentencia definitiva de la separación de sus familias; en algunos casos se ha hecho justicia, en otros sólo se ha legitimado un estadio que lleva tiempo sin funcionar.

No se trata de saber quien fue culpable o si la sentencia verdaderamente impartió justicia a quien la merecía, esas cosas no se pueden ver en los rostros sombríos que inician sus viajes a temprana hora hacía su pasado, se les ve encorvados, cansados, como si el peso del arrepentimiento fuera un lastre invisible que se agolpa sobre sus hombros; pero conservan una esperanza en la mirada y vagamente dibujada una sonrisa llena de su presente.

Los viajes siempre son largos, eternos; sobre todo cuando lo único que se desea es llegar a recibir un abrazo, una sonrisa, escuchar la palabra papá y ver cuánto han crecido sus hijos en unos pocos días; las horas se van como agua entre las manos en medio de juegos, risas y pláticas sobre todo lo que ha pasado en sus vidas durante los días que no se han visto; parece que no hay tiempo que alcance cuando tienes unos pocos instantes para ser feliz.

Al correr del tiempo los atardeceres se dibujan en el cielo y con ellos las lagrimas se agolpan en los ojos como ríos a punto de desbordarse; se llega el momento de separarse y la realidad cae a pedazos a su alrededor, un hasta pronto, un adiós cargado de dolor se queda en el aire y la tortura del viaje de regreso se inicia con un paso que se niega a despegarse del piso para permitir el siguiente, el lastre se dúplica y el peso multiplicado oprime el alma y el corazón.

Para aquéllos hombres llenos de esperanza al iniciar el día la vitalidad se apaga y el cuerpo como un cascarón vacío amenaza con romperse al irse alejando por el mismo camino que lo vio llegar; sólo llevan su alma llena de recuerdos, en los oídos el eco de las risas, de las veces que escucho decir “papá” desde la inocencia de sus niños y las manos repletas de caricias que se quedan inertes hasta el siguiente encuentro.

Aquéllos hombres ven caer la noche sobre sus cabezas y su realidad se dibuja como un paisaje sombrío frente a ellos, el trabajo, las tareas cotidianas, los problemas y las largas horas de espera reinician de manera incesante su conteo hasta el próximo domingo en que la ciudad se despierte y de nueva cuenta esos hombres salgan a las calles con la esperanza a cuestas y un regalo envuelto en una bolsa de plástico.

Licenciado en Derecho por la Universidad Mexicana de Educación a Distancia y estudiante de la Licenciatura en Pedagogía en el Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia de la UNAM.